La salud mental, quinta causa de pérdida de años de vida
¿Por qué los trastornos mentales se han duplicado desde 1990 y ya afectan a 1.170 millones de personas en todo el mundo? Aquí tenemos la respuesta.
Según los datos del Estudio de la Carga Global de Enfermedad 2023, publicado en The Lancet, los casos de trastornos mentales se han duplicado desde 1990 y llegaron a los 1.170 millones en 2023.
Esta cifra permite entender hasta qué punto la salud mental ocupa ya un lugar central en el debate sanitario, social y económico.
Además, el impacto no se distribuye de la misma manera en todos los grupos de población. La edad, el sexo, la región del mundo en la que se vive y el nivel sociodemográfico son factores que influyen de forma clara en la aparición, evolución y consecuencias de estos trastornos.
Según el estudio, en apenas treinta años, los trastornos mentales han pasado a ser la principal causa global de años vividos con discapacidad. También se sitúan como la quinta causa mundial de pérdida de años de vida saludables.
Es decir, no solo afectan a millones de personas, sino que condicionan de forma directa su bienestar, su capacidad funcional y su calidad de vida durante largos periodos.
Ansiedad y depresión, los trastornos con mayor peso global
Entre todos los trastornos analizados, la ansiedad y la depresión son los que más contribuyen al aumento de la carga global. Los trastornos de ansiedad fueron los más frecuentes en 2023, con alrededor de 470 millones de casos. Por su parte, la depresión mayor afectó a unos 236 millones de personas.
Ambas patologías concentran buena parte del incremento observado desde 1990. Según los autores del trabajo, este crecimiento no puede atribuirse solo al aumento de la población mundial.
Aunque el envejecimiento también influye, el elemento más importante es que la prevalencia ajustada por edad también ha aumentado.
Este matiz es clave. Significa que, incluso teniendo en cuenta los cambios demográficos, los trastornos mentales son hoy más frecuentes que hace tres décadas. En concreto, entre 1990 y 2023, la tasa de depresión creció un 41,3 por ciento, mientras que la de ansiedad aumentó un 64,9 por ciento.
A estos factores se suma el impacto de la pandemia de covid, que dejó una huella persistente en la salud mental de la población.
El aislamiento, la incertidumbre, los problemas económicos, el duelo, la sobrecarga laboral y la presión sobre los sistemas sanitarios contribuyeron a agravar síntomas de ansiedad y depresión en muchas personas.
Para paliar estos efectos, los seguros de salud privados pueden ser de gran importancia, sobre todo aquellos que dan acceso a especialistas médicos en psicología.
Una carga que se mide sobre todo en discapacidad
El estudio calcula que, en 2023, los trastornos mentales provocaron una gran pérdida de bienestar en la población mundial. Para medirlo, los investigadores no solo tienen en cuenta las muertes, sino también los años que una persona vive con una enfermedad que limita su día a día.
En salud mental, el problema principal no suele ser la muerte directa, sino el impacto que estos trastornos tienen en la vida cotidiana. Una persona con ansiedad, depresión u otro problema de salud mental puede tener dificultades para trabajar, estudiar, relacionarse con los demás, cuidar de sí misma o mantener una vida normal.
Por eso, aunque los trastornos mentales no siempre aparezcan en las estadísticas de mortalidad, sí representan una carga muy importante para los sistemas sanitarios y para la sociedad. Sus efectos pueden durar mucho tiempo y afectar a la calidad de vida, al bienestar emocional, a la salud física, a las relaciones personales y al desarrollo laboral o académico.
Un desafío para los sistemas sanitarios
Los datos del Estudio de la Carga Global de Enfermedad 2023 muestran que la salud mental exige una respuesta más sólida, preventiva y coordinada. No basta con atender los casos graves cuando ya se han cronificado. Es necesario reforzar la detección temprana, mejorar el acceso a tratamientos eficaces y reducir las desigualdades entre regiones y grupos sociales.
También resulta fundamental combatir el estigma. Muchas personas siguen retrasando la búsqueda de ayuda por miedo, vergüenza o falta de información. Esto puede agravar los síntomas y aumentar el riesgo de discapacidad a largo plazo.
