El 83% de los españoles no duerme por estrés
¿Por qué el estrés afecta ya al 80 por ciento de la población y cómo influye en el sueño, la salud emocional y la calidad de vida? Te contestamos.
El VIII Estudio de Salud y Estilo de Vida de Aegon confirma que el estrés se ha convertido en uno de los principales problemas de bienestar emocional en España. Según el informe, el 80 por ciento de la población ha sufrido estrés en algún momento de los últimos doce meses.
Además, más del 20 por ciento de los encuestados reconoce padecer estrés de forma frecuente. Es el nivel más alto registrado desde 2022, un dato que refleja el avance de un problema que afecta de manera directa al descanso, la salud emocional y la satisfacción vital.
A quién afecta más el estrés
El estrés no impacta por igual en todos los grupos de población. El estudio señala una mayor incidencia entre las mujeres, los jóvenes de entre 18 y 40 años, las personas con dificultades económicas y quienes presentan una peor salud emocional.
Estos datos muestran que el estrés no depende únicamente de tener más responsabilidades. También de:
La estabilidad económica
La situación laboral
La carga mental
Las relaciones personales
La capacidad de cada persona para gestionar las preocupaciones diarias
El sueño, clave para medir el bienestar emocional
El 58,6 por ciento de los encuestados afirma tener dificultades ocasionales para dormir, mientras que un 24,3 por ciento asegura padecer estos problemas de forma frecuente.
Dormir mal no solo provoca cansancio. También puede aumentar la irritabilidad, reducir la concentración y empeorar la percepción del bienestar. Por eso, el sueño se ha convertido en uno de los indicadores más claros de la salud emocional.
Sin embargo, pese a la importancia del descanso, el 61,4 por ciento de la población reconoce que no adopta ninguna medida concreta para mejorarlo. Solo el 38,6 por ciento intenta combatir los problemas de sueño con hábitos saludables, ejercicio físico, infusiones naturales o reduciendo el consumo de cafeína y alcohol.
Trabajo y economía, las principales causas de estrés
El informe también analiza cuáles son los factores que más estrés generan. Los problemas laborales ocupan el primer lugar, con un 39,2 por ciento. Muy cerca aparecen las dificultades económicas, con un 38,3 por ciento. En tercer lugar se sitúan las tensiones familiares o sociales, mencionadas por el 34,3 por ciento de los encuestados.
Estos tres ámbitos tienen un peso importante en la vida diaria. La presión en el trabajo, la inseguridad laboral, la falta de conciliación, el aumento del coste de la vida o los conflictos personales pueden convertirse en fuentes constantes de preocupación.
El estrés reduce la satisfacción vital
El estrés no solo afecta al descanso o al estado de ánimo. También influye en la valoración que las personas hacen de su bienestar general.
Según los datos del informe, quienes sufren estrés puntúan su salud emocional con una nota media de 7 sobre 10. En cambio, quienes no lo padecen elevan esa valoración hasta el 8,64.
La diferencia es relevante porque muestra el impacto del estrés en la percepción de la salud emocional. Además, las personas estresadas presentan menores niveles de felicidad y satisfacción vital.
Menos medidas para combatir el estrés
Otro dato llamativo del estudio es el descenso en la adopción de medidas para reducir el estrés. Más del 58 por ciento de la población afirma que no realiza ninguna acción específica para combatirlo. El año anterior, este porcentaje era del 49,8 por ciento.
Es decir, aunque el estrés afecta a una parte muy amplia de la población, cada vez son más las personas que no toman medidas concretas para gestionarlo.
Incorporar hábitos saludables, mejorar el descanso, practicar ejercicio, organizar mejor el tiempo o pedir ayuda profesional cuando sea necesario puede contribuir a reducir la tensión diaria.
Los datos de Aegon muestran que el estrés se ha instalado en la vida de muchas personas y afecta de forma directa al bienestar emocional. Identificar sus causas y actuar a tiempo es clave para evitar que se convierta en una carga permanente.
