El 30% de las personas mayores de 65 años está polmedicado
¿Qué porcentaje de personas en España está polimedicado? ¿Puede ser peligroso? ¿Y cómo evitar esos riesgos?
Como ves, nos hemos planteado tres preguntas muy interesantes y en este post nos hemos propuesto contestarlas todas. Estamos seguros de que te van a gustar, así que te animamos a leer hasta el final.
La polimedicación es una situación frecuente entre las personas mayores. Según el Ministerio de Sanidad, el 30% de los mayores de 65 años consume cinco o más medicamentos de forma crónica. Entre quienes tienen de 85 a 94 años, este porcentaje alcanza el 45%.
El aumento de la esperanza de vida y la coexistencia de varias enfermedades explican que muchas personas necesiten tomar medicación diaria. Los tratamientos pueden estar dirigidos a controlar la hipertensión, la diabetes, el colesterol, el dolor, los trastornos del sueño u otros problemas de salud.
Tomar varios medicamentos no significa necesariamente recibir una atención inadecuada.
El riesgo aparece cuando existen tratamientos duplicados, interacciones entre fármacos, dosis que ya no se ajustan al estado del paciente o prescripciones que continúan sin una revisión periódica.
Cómo reducir los riesgos asociados a la polimedicación
Esta es la lista que te ofrecemos para evitar esos riesgos:
Mantén actualizada la lista de medicamentos
Es recomendable disponer de un listado que incluya todos los fármacos prescritos, los medicamentos adquiridos sin receta, los suplementos alimenticios y los productos de herbolario.
Esta información permite que médicos, enfermeros y farmacéuticos conozcan el tratamiento completo. Así pueden detectar principios activos repetidos, combinaciones poco aconsejables o productos que interfieran con la medicación habitual.
Revisa el tratamiento periódicamente
Las necesidades de una persona pueden cambiar con el paso del tiempo. La medicación debe adaptarse a la evolución de las enfermedades, el peso, la función renal, la aparición de síntomas nuevos o la desaparición de problemas que justificaron una prescripción anterior.
Una revisión farmacológica permite comprobar qué medicamentos siguen siendo necesarios, si las dosis son adecuadas y si existe una alternativa más segura. También puede ayudar a simplificar las tomas y facilitar el cumplimiento del tratamiento.
No modifiques las pautas sin supervisión
Suspender un medicamento, duplicar una dosis o espaciar las tomas sin consultar con un profesional puede provocar efectos adversos o descompensar una enfermedad crónica.
Aunque aparezca una molestia o el paciente crea que ya no necesita un fármaco, cualquier cambio debe valorarse de manera individual. Algunos tratamientos requieren una retirada progresiva y no deben interrumpirse de forma repentina.
Presta atención a los síntomas nuevos
Los mareos, las caídas, la confusión, la somnolencia, la pérdida de apetito o los cambios bruscos en la tensión arterial pueden estar relacionados con la medicación.
Estos síntomas no deben atribuirse automáticamente a la edad. Conviene comunicar cuándo comenzaron, qué intensidad tienen y si coincidieron con la incorporación de un nuevo fármaco o con un cambio de dosis.
Coordina a los profesionales que intervienen
Cuando una persona es atendida por varios especialistas, es importante compartir los informes, las recetas y las modificaciones recientes. Centralizar la información reduce el riesgo de que se prescriban medicamentos con el mismo principio activo o con efectos similares.
La polimedicación exige seguimiento, pero no implica por sí sola un tratamiento incorrecto. Una revisión presencial o mediante videoconsulta puede prevenir complicaciones, reducir ingresos evitables y ayudar a que la persona mayor conserve su autonomía durante más tiempo.
En resumen, la polimedicación es habitual entre las personas mayores y requiere un control continuado para evitar problemas.
Mantener una lista completa de los medicamentos, revisar el tratamiento con regularidad y no cambiar las dosis por cuenta propia son medidas esenciales.
También conviene consultar ante síntomas como mareos, confusión, somnolencia o caídas, ya que pueden estar relacionados con algún fármaco.
Cuando intervienen varios profesionales, compartir toda la información ayuda a prevenir duplicidades e interacciones.
Con un seguimiento adecuado, la medicación puede adaptarse a las necesidades reales de cada paciente y contribuir a conservar su salud, seguridad y autonomía.
