¿Puede el jet lag social aumentar la ansiedad en los adolescentes?
¿Cambiar los horarios de sueño durante el fin de semana puede afectar a la salud mental de los adolescentes? ¿Qué es el jet lag social? Te lo explicamos.
No es necesario hacer un viaje de miles de kilómetros para sufrir un desajuste parecido al jet lag.
Muchos adolescentes siguen horarios muy diferentes durante la semana y el fin de semana: madrugan de lunes a viernes para acudir al instituto, mientras que los sábados y domingos se acuestan y se levantan bastante más tarde.
Esta diferencia entre el reloj biológico y los horarios impuestos por las obligaciones cotidianas se conoce como jet lag social.
Un estudio publicado en Sleep Medicine Reviews apunta a que, cuanto mayor es este desfase en adolescentes de entre 12 y 18 años, mayor tiende a ser también la presencia de síntomas de ansiedad.
¿Qué es exactamente el jet lag social?
Imagina, por ejemplo, que un adolescente duerme entre semana desde las 23:00 hasta las 7:00, pero durante el fin de semana se acuesta a las 2:00 y se levanta a las 11:00. Su horario de descanso se desplaza varias horas.
Parte de esta diferencia puede deberse a la necesidad de recuperar el sueño perdido durante los días de clase.
Por este motivo, los investigadores recuerdan que dormir suficientes horas y mantener unos horarios regulares son dos aspectos distintos que conviene analizar de manera conjunta.
Cuidar adecuadamente el descanso forma parte de unos hábitos saludables que pueden influir en el bienestar general.
De la misma manera, las familias que desean disponer de asistencia sanitaria privada pueden consultar un comparador de seguros de salud para conocer las distintas alternativas existentes.
Una asociación con la ansiedad, aunque de pequeña magnitud
No se puede concluir que acostarse más tarde durante el fin de semana provoque directamente un trastorno de ansiedad. Los horarios de descanso constituyen únicamente uno de los numerosos factores que pueden intervenir en la salud mental durante la adolescencia.
Además, los resultados fueron diferentes entre las investigaciones incluidas. Mientras algunos trabajos encontraron una relación más evidente, otros apenas observaron asociación.
Uno de los estudios, realizado con más de 100.000 adolescentes chinos, sí detectó que quienes presentaban dos horas o más de jet lag social tenían una mayor probabilidad de mostrar síntomas de ansiedad que aquellos cuyo desfase era inferior a una hora.
¿Por qué afecta especialmente a los adolescentes?
Durante la adolescencia, el ritmo circadiano tiende de manera natural a desplazarse hacia horas más tardías. Es habitual que los jóvenes empiecen a sentir sueño más tarde y que, biológicamente, también necesiten despertarse después.
La dificultad aparece cuando esta tendencia natural coincide con horarios escolares que obligan a madrugar. A ello pueden añadirse los deberes, las actividades extraescolares, la vida social, el trabajo, el uso de pantallas durante la noche y una mayor autonomía para decidir la hora de acostarse.
El sueño y la ansiedad mantienen, además, una relación compleja. Un descanso insuficiente o irregular puede influir en el estado emocional, mientras que la ansiedad también puede dificultar conciliar el sueño y mantener rutinas estables.
Precisamente por la importancia que tiene la salud durante estas etapas de crecimiento, algunas familias optan también por contratar un seguro de salud familiar que facilite el acceso a distintos servicios y especialistas médicos.
No es posible determinar qué aparece primero
Los resultados permiten observar que el jet lag social y la ansiedad pueden aparecer relacionados, pero no determinar cuál de los dos fenómenos provoca al otro.
También existieron diferencias en la forma de medir tanto el descanso como la ansiedad. Buena parte de los estudios recurrieron a cuestionarios de síntomas y a horarios de sueño comunicados por los propios adolescentes.
Los investigadores tampoco sostienen que sea imprescindible levantarse exactamente a la misma hora todos los días. Recuperar sueño durante el fin de semana puede ser beneficioso cuando existe un déficit acumulado.
La principal recomendación pasa por buscar un equilibrio: procurar que los horarios sean relativamente regulares, garantizar suficientes horas de descanso y tener en cuenta que los horarios escolares tempranos también pueden contribuir a este desajuste.
De hecho, retrasar el inicio de las clases es una de las medidas planteadas para adaptar mejor las obligaciones sociales al reloj biológico de los adolescentes.
