Las olas de calor pueden costar a España hasta un 1,4% de su PIB
¿Qué consecuencias tienen las olas de calor sobre la economía española? ¿Cómo afectan las temperaturas extremas a los hogares, los negocios y las infraestructuras?
El impacto del calor intenso va mucho más allá de las molestias propias del verano. Sus efectos alcanzan a la actividad empresarial, la productividad laboral, los bienes materiales y la salud de las personas.
Según estimaciones de Allianz Research, estos episodios podrían llegar a costar a España hasta un 1,4 por ciento de su producto interior bruto (PIB). Una cifra que refleja la dimensión económica de un fenómeno que también incrementa determinados siniestros y obliga a reforzar las medidas de prevención.
Más incidencias en hogares y negocios
Las temperaturas elevadas provocan un aumento notable de algunas intervenciones relacionadas con viviendas y establecimientos comerciales.
Uno de los incrementos más destacados se produce en los servicios de control de plagas, que crecen un 129 por ciento durante estos periodos.
También aumentan los siniestros relacionados con inducción eléctrica o caída de rayos. En este caso, el incremento alcanza el 60 por ciento.
A ellos se suman las averías de frigoríficos y los desperfectos sufridos por productos que necesitan conservarse refrigerados. Estas incidencias suben un 35 por ciento cuando se producen episodios de temperaturas especialmente altas.
Este último problema puede tener una especial repercusión entre empresas que dependen de sistemas de refrigeración para mantener su actividad, como comercios de alimentación, restaurantes o negocios vinculados a productos que necesitan conservar la cadena de frío.
El impacto económico del calor extremo
Además del aumento de determinados siniestros, las olas de calor pueden tener consecuencias importantes para el conjunto de la economía.
Allianz Research calcula que sus efectos podrían restar hasta un 1,4 por ciento al PIB español. En el conjunto de Europa, la pérdida estimada alcanzaría el 0,5 por ciento.
Una de las principales causas es la reducción de la productividad. Las temperaturas muy elevadas dificultan el desarrollo de determinados trabajos y pueden obligar a modificar horarios, introducir descansos adicionales o adaptar las condiciones laborales.
A esta situación se añade el deterioro que pueden sufrir bienes e infraestructuras y el aumento de los recursos necesarios para hacer frente a un clima más exigente.
Edificios, centros de trabajo, instalaciones eléctricas o sistemas de climatización necesitan estar preparados para soportar periodos prolongados de temperaturas elevadas, lo que genera nuevos costes tanto para las empresas como para las administraciones.
Las consecuencias sobre la salud
La dimensión económica no es la única que debe tenerse en cuenta. El calor extremo supone también un importante riesgo para las personas.
Solo durante el verano de 2022 se atribuyeron 61.672 fallecimientos al calor en Europa.
Los datos correspondientes al periodo comprendido entre los años 2000 y 2023 reflejan igualmente la gravedad de la situación. Durante esos años, el cambio climático habría provocado 157.000 muertes prematuras en los países europeos analizados.
De ese total, 151.100 fallecimientos fueron consecuencia directa de las olas de calor.
Estas cifras muestran la necesidad de prestar una atención especial a los colectivos más vulnerables y de adoptar medidas que permitan reducir los riesgos derivados de las temperaturas extremas.
La prevención como medida de protección
Ante este escenario, anticiparse puede ayudar a limitar los daños tanto personales como materiales.
"El calor extremo ya no es un fenómeno puntual ni limitado al verano. Sus efectos se extienden a la salud, los hogares, los comercios, las empresas y las infraestructuras. Por eso, la prevención debe entenderse como la primera forma de protección: anticiparse permite reducir riesgos, evitar daños y cuidar mejor de las personas", señalan desde Allianz.
Revisar los sistemas eléctricos y de refrigeración, realizar un correcto mantenimiento de los equipos de climatización y proteger adecuadamente los productos que necesitan permanecer a bajas temperaturas son algunas de las medidas que pueden ayudar a evitar problemas.
En los centros de trabajo también resulta fundamental adaptar la actividad cuando el termómetro alcanza valores elevados, especialmente en aquellas profesiones que implican una exposición prolongada al exterior.
