Cómo afectan las olas de calor a la salud mental y al bienestar psicológico
¿Cómo afectan las olas de calor a la salud mental y al bienestar psicológico? Te lo vamos a contar en este post.
Las olas de calor son cada vez más habituales durante los veranos en España. Aunque sus efectos suelen relacionarse con problemas físicos como la deshidratación o el golpe de calor, las altas temperaturas también pueden perjudicar la salud mental, el descanso y determinadas capacidades cognitivas.
El informe Influencia del medioambiente urbano en la salud de las personas, elaborado por el Instituto de Biodiversidad y Medioambiente BIOMA dentro de la Cátedra Sanitas de Salud y Medioambiente de la Universidad de Navarra, señala que el calor extremo puede alterar el sueño y afectar a funciones como la atención, la memoria o la toma de decisiones. También puede agravar trastornos de salud mental que ya existían previamente.
El calor extremo dificulta el descanso
Uno de los mayores problemas aparece cuando las temperaturas permanecen elevadas durante la noche. Las denominadas noches tropicales dificultan que el organismo descanse y se recupere correctamente, sobre todo cuando se prolongan durante varios días consecutivos.
La falta de un sueño reparador puede favorecer la aparición de irritabilidad, apatía, dificultades de concentración o sensación de desbordamiento ante actividades cotidianas.
El impacto suele ser mayor entre las personas con ansiedad, depresión, estrés, enfermedades crónicas o una red de apoyo limitada.
Las olas de calor, un reto para la salud pública
Las consecuencias de las altas temperaturas también tienen una dimensión colectiva. La Cátedra Sanitas Salud y Medioambiente analiza cómo distintos factores del entorno urbano, como la calidad del aire, el calor, las zonas verdes o la movilidad, influyen conjuntamente sobre la salud de la población.
Según el índice Harmony, desarrollado por el Instituto BIOMA, estos factores están relacionados con más de 28.200 casos anuales de enfermedad y muerte en España.
Las altas temperaturas son el segundo factor ambiental con mayor impacto sobre la morbimortalidad, únicamente por detrás de la contaminación del aire, y representan el 9,1 por ciento del impacto total contabilizado.
La Organización Mundial de la Salud también incluye los trastornos de salud mental entre las causas de hospitalización asociadas a la exposición al calor extremo.
Cambio climático, ecosistemas y salud
Las consecuencias del aumento de las temperaturas no afectan únicamente de forma directa a las personas. El cambio climático también modifica los ecosistemas y puede comprometer elementos esenciales para la salud, como el agua o la seguridad alimentaria.
"La mayor frecuencia de las olas de calor y de los periodos de sequía puede reducir la disponibilidad de agua, concentrar contaminantes y favorecer la proliferación de determinados microorganismos y vectores de enfermedades. Estos cambios afectan a la biodiversidad y al equilibrio de los ecosistemas, pero también pueden repercutir en la calidad del agua, la seguridad alimentaria y la salud de la población. Desde una perspectiva One Health, proteger la resiliencia de los ecosistemas frente al cambio climático es también una forma de prevenir riesgos para la salud humana", explica Jesús Miguel Santamaría, director del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente BIOMA de la Universidad de Navarra.
Esta visión responde al enfoque One Health, que relaciona la salud humana con la de los animales y los ecosistemas y defiende la protección ambiental como una herramienta de prevención sanitaria.
El papel protector de las zonas verdes
Los árboles, parques y espacios sombreados pueden ayudar a reducir la temperatura en las ciudades y a mitigar el efecto isla de calor. Por este motivo, las zonas verdes adquieren especial relevancia en la adaptación de los entornos urbanos a temperaturas cada vez más elevadas.
Además, sus beneficios no se limitan al confort térmico. La evidencia científica recogida en el informe relaciona el contacto con entornos naturales con menores niveles de estrés, ansiedad y depresión. También puede favorecer el bienestar psicológico y las relaciones sociales.
